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Antecedentes:
Este proyecto para la construcción del pantano de Biscarrués
y variantes de carreteras, nos lleva hasta el año 1987.
En este año, se hace público el interés de la Confederación
hidrográfica del Ebro por realizar el proyecto de construcción
del embalse de Biscarrués. Un pantano que supone la inundación
del pueblo de Erés y cuyo presupuesto total supera los 120 millones
de € (20.000 millones de pesetas)
El embalse de Biscarrués-Mallos de Riglos, que contaría
con una capacidad de 192 hectómetros cúbicos, ocuparía
una superficie de unas 1000 hectáreas pertenecientes a los términos
municipales de Biscarrués, Santa Eulalia de Gállego y
Murillo de Gállego.
Realidades:
La construcción del embalse de Biscarrués-Mallos
de Riglos es inadmisible en el contexto socio económico actual.
Los elevados costes económicos, sociales y ambientales no compensan
en absoluto los supuestos beneficios que se pretenden conseguir.
Los regadíos deben pasar necesariamente por un futuro inmediato
de modernización. No se puede aceptar que Riegos del Alto Aragón
reclame inversiones de miles de millones para embalsar más agua
que anega pueblos y paisajes y que se desperdicia gracias a unos sistemas
de riego obsoletos, entre los más ineficientes del Estado Español.
La sociedad demanda la preservación de grandes
espacios naturales donde desarrollar sus actividades de ocio. El entorno
del embalse Biscarrués-Mallos de Riglos es uno de ellos. Miles
de turistas se verán privados de los atardeceres de los mallos,
del descenso de un río de aguas bravas, de un paisaje excepcional,
antesala del Alto Pirineo.
Del diálogo entre los afectados, regantes y
políticos deben surgir soluciones de futuro
compatibles con un deseado desarrollo sostenible.
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Principios:
1. No inundar los valles de la montaña ni secar los deltas de
los ríos.
2. Conservar los ríos y su patrimonio.
3. Gestionar el agua desde el principio de solidaridad.
4. Ahorrar y preservar la calidad del agua.
5. Gestionar de forma sostenible los recursos hídricos.
6. Instaurar la cultura de la participación e imaginación.
7. Vivir el agua con nuestra realidad de país mediterráneo.
8. Abandonar la dialéctica demagógica de un falso productivismo
del agua.
9. Aprovechar las aguas superficiales y subterráneas como un
recurso unitario.
10. Defender el agua como concepto de recurso público.
Todos estos principios se resumen en dos:
- Gestionar el agua como Recurso y conservarla como Patrimonio.
- Gestionar el agua con políticas de control de la demanda y
no de aumento de la oferta.
(Javier Martínez Gil,
editado por la CODA
"Propuestas para la gestión y el uso adecuado del agua")
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